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Calorías de mantenimiento: qué son y por qué cambian

El mantenimiento no es una constante: baja al adelgazar y las fórmulas fallan un ±10 %. Esto es de qué se compone el número, por qué se mueve y cómo medir el tuyo de verdad.

Escrito por Claude (la IA de Anthropic), revisado por Sami, científico de datos · 10 min de lectura

Tus calorías de mantenimiento son la energía que tendrías que comer, de media, para que tu peso se quedara quieto: ni subir ni bajar. De ese número sale cualquier objetivo de dieta, y ahí está el problema, porque no es una constante. Se mueve a medida que adelgazas, cuando cambia tu actividad y según tu cuerpo se adapta al déficit. Dar por bueno el número que calculaste hace tres meses es una de las razones más habituales de que el progreso se pare sin aviso.

De qué está hecho el número

El mantenimiento —el gasto energético total diario— es la suma de cuatro cosas:

  • El metabolismo en reposo: entre el 60 y el 70 %. Lo que cuesta seguir vivo: órganos, cerebro, mantenimiento celular, respiración. Depende sobre todo de cuánta masa magra tengas.
  • El efecto térmico de los alimentos: alrededor del 10 %. Digerir y procesar lo que comes. La proteína es la que más cuesta procesar; los carbohidratos y las grasas, menos.
  • La actividad deportiva: muy variable, a menudo un 5–15 %. El entrenamiento intencionado. Suele pesar bastante menos de lo que la gente cree.
  • La actividad no deportiva (NEAT): entre el 10 y el 30 %, y tremendamente individual. Caminar, estar de pie, moverte en la silla, gesticular, no parar quieto. En un estudio de sobrealimentación, las diferencias en NEAT explicaron una diferencia de diez veces en la grasa que acumuló cada persona con el mismo exceso de calorías (Levine y cols., 1999).

Ese último componente es la razón de que dos personas del mismo tamaño y con la misma rutina de gimnasio tengan mantenimientos separados por cientos de calorías, y de que lo sensato sea medir el tuyo en vez de consultarlo en una tabla.

Cómo estimarlo (y cuánto se equivoca la estimación)

El punto de partida habitual es la ecuación de Mifflin-St Jeor, que predice el metabolismo en reposo a partir del peso, la altura, la edad y el sexo:

  • Hombres: 10 × peso(kg) + 6,25 × altura(cm) − 5 × edad(años) + 5
  • Mujeres: 10 × peso(kg) + 6,25 × altura(cm) − 5 × edad(años) − 161

Después se multiplica por un factor de actividad —en torno a 1,2 si eres sedentario, 1,375 poco activo, 1,55 moderadamente activo, 1,725 muy activo— para llegar al mantenimiento.

Es una primera aproximación razonable y una respuesta final mala. Las ecuaciones de predicción se acercan a un 10 % del gasto en reposo medido en la mayoría de la gente, lo que suena bien hasta que lo traduces: un 10 % de un mantenimiento de 2.400 kcal son ±240 kcal al día, más que el déficit que mucha gente intenta mantener. Y el factor de actividad añade error propio, porque es una etiqueta gruesa que sustituye al componente más individual de todos, el NEAT.

Usa la ecuación para situarte en el barrio correcto. No la uses para explicar por qué la báscula no se mueve.

Por qué el mantenimiento baja mientras haces dieta

Se acumulan cuatro efectos y todos apuntan en la misma dirección:

1. Eres un cuerpo más pequeño. Menos masa cuesta menos de mantener y menos de mover. Pierde 10 kg y tu gasto en reposo baja simplemente porque hay menos de ti.

2. Adaptación metabólica. Más allá de lo que explica el cambio de tamaño, adelgazar reduce el gasto otro 10–15 % aproximadamente (Rosenbaum y Leibel, 2010). Esta es la parte que se siente injusta: dos personas en el mismo peso pueden tener mantenimientos distintos si una de ellas llegó ahí adelgazando.

3. El NEAT cae sin que lo notes. En déficit te mueves menos de forma espontánea: te sientas un poco más, gesticulas un poco menos, coges el ascensor sin decidirlo. No es pereza y no aparece en el contador de pasos, pero puede suponer cientos de calorías.

4. El ejercicio sale más barato. Tanto porque pesas menos como porque te vuelves más eficiente en los movimientos que repites.

Juntos convierten el mantenimiento en un objetivo móvil durante toda la dieta, y son buena parte de por qué la pérdida de peso se estanca comiendo siempre lo mismo.

Lo que no causa esa caída

La edad, en gran medida. El mayor análisis del gasto energético a lo largo de la vida encontró que, ajustando por masa magra, el gasto total se mantiene estable entre los 20 y los 60 años y solo empieza a bajar después (Pontzer y cols., 2021). El metabolismo no "se hunde a los 40". Lo que cambia en esas décadas es la composición corporal y la actividad —menos músculo, más silla—, que es otro problema con otra solución.

Tener el metabolismo "roto". La adaptación existe y se mide, pero con déficits normales se cuenta en unos pocos cientos de calorías y se revierte en parte al volver a comer en mantenimiento. Las cifras dramáticas que circulan por internet vienen de casos extremos —concursos de adelgazamiento con más de 50 kg perdidos— y ahí mismo se discuten.

El método mejor: mide el tuyo

No hace falta predecir el mantenimiento. Ya generas los datos necesarios para observarlo.

Si tu tendencia lleva tres o cuatro semanas realmente plana, lo que hayas estado comiendo de media es tu mantenimiento, con más precisión de la que te dará ninguna fórmula. Y si la tendencia se mueve, la velocidad a la que se mueve dice a qué distancia estás de ese punto: como un kilo de grasa corporal almacena unas 7.700 kcal, bajar de forma sostenida 0,5 kg por semana equivale, a grandes rasgos, a un déficit de unas 550 kcal diarias. (Solo "a grandes rasgos": los primeros cambios de peso incluyen agua y glucógeno, y por eso este razonamiento necesita varias semanas de tendencia y por eso la regla de las 3.500 calorías engaña cuando se aplica día a día.)

Ese cálculo es justo el que TrendBody hace en continuo: estima tu tendencia a partir de pesajes ruidosos y convierte su velocidad en un superávit o déficit diario implícito con el modelo de balance energético de Hall, que sí tiene en cuenta la adaptación en lugar de dar por buena una constante fija. Sin registrar comida, porque la báscula ya integra todo lo que comiste y todo lo que gastaste.

Reglas prácticas

  • Recalcula cada 5 kg perdidos, o cuando un estancamiento pase de cuatro semanas.
  • Prefiere lo medido a lo predicho. Cuatro semanas de tendencia plana ganan a cualquier calculadora.
  • Protege la masa magra con proteína suficiente y trabajo de fuerza: es la palanca que de verdad controlas en el lado del metabolismo en reposo.
  • Vigila el NEAT, no solo los entrenamientos. Un paseo diario defiende tu mantenimiento mejor que una sesión extra de gimnasio a la que llegas sin energía.
  • Cuenta con pasar temporadas en mantenimiento. Comer en mantenimiento permite que parte de la adaptación se recupere; es una fase normal de una dieta larga, no el fracaso de una.

Este artículo es información general con fines educativos, no consejo médico ni nutricional. Las necesidades energéticas varían con las enfermedades y los medicamentos; consulta a un profesional sanitario cualificado o a un dietista-nutricionista para un plan adaptado a ti.

Fuentes

  • Mifflin MD, St Jeor ST, et al. A new predictive equation for resting energy expenditure in healthy individuals. American Journal of Clinical Nutrition, 1990.
  • Levine JA, Eberhardt NL, Jensen MD. Role of nonexercise activity thermogenesis in resistance to fat gain in humans. Science, 1999. DOI
  • Rosenbaum M, Leibel RL. Adaptive thermogenesis in humans. International Journal of Obesity, 2010. PubMed
  • Pontzer H, et al. Daily energy expenditure through the human life course. Science, 2021. DOI
  • Hall KD, et al. Quantification of the effect of energy imbalance on bodyweight. The Lancet, 2011. PubMed

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